Ρεμπέτικο και τσιπουράσικα στην Ιωαννινα!

Han pasado muchas cosas en la última semana, muchas excepto los papeles. El lunes estábamos desesperadas y la desinformación acabo con nuestra paciencia, asique fuimos a hablar con el “boss” de la Marina, a ver que se inventaba esta vez. Nos dijo que para el jueves viernes tendrían una respuesta, pero no podíamos esperar más sin hacer nada. Asique nos convertimos en algo así como intermediarias entre vendedores-compradores- marinas- brokers - aduanas y el capitán. Empezamos a releer todos los emails y a llamar a mil sitios, hasta que nos enteramos de que iba la historia, y de que solo nos quedaba esperar y molestar, y molestar y esperar. Al ver que no estaba en nuestras manos, si no en las de la burocracia griega, nos fuimos al “One Stop” a buscarnos un plan para los próximos días y  a saludar a Andreas, el filósofo de Kontokali. Entre birra y retzina decidimos que nos íbamos de viaje a Ioannina, necesitábamos movimiento y dejar de pensar por unos días.

DÍA 1

Miércoles 29 de diciembre, amanece en la Kerkira, los niños ya están en el ferry y han olvidado la tarta de manzana (rusa-polaca) que hizo el abuelo en el barco. Tienen hambre, pero les da igual porque están dejando atrás la cárcel de Corfú.

Ya estamos en Ioannina, en el centro de la ciudad hay un lago y las montañas están por todas partes. Hace frio y es preciosa. Volvemos a sentirnos en esa Grecia que no duerme y que no se calla. Hay pancartas y a lo lejos se escucha L´estaca de Lluis Llach en griego, hay una mani por ahí...

Vamos al Airbnb que solo tenemos para hoy, y con el wifi mientras unos descargamos pelis para el mar otras buscamos a alguien que nos acoja en Ioannina para los siguientes días. Salimos a la calle, hay gente y se respira vida. Vamos a una taberna a comer, el queso ahumado de esta ciudad es brutal! Ya ni nos acordamos de Corfú y de los papeles, casi. Llueve. Nos vamos a una tsipuradika a escuchar Rebetico y a beber vino. Ya estamos donde teníamos que estar. Nos vamos a otra taberna a por más vino. Decidimos que la primera es la nuestra y volvemos. Todo se había desmadrado, todo el mundo está loco bailando con el aire y volando con la música.




DIA 2

Sigue lloviendo. Pies mojados. Arriba abajo comprando zapatillas. Al final comemos en una taberna ultranavideña e Ira se enamora de un baby Panagiotis. Nos separamos, y cada uno se va a una casa.
Nosotras vamos a la universidad. Le hemos ocupado el cuarto a Panos, y él a su amigo Giorgos. Otra vez Lesxi! Otra vez Panepistimio! Otra vez Kilikio!

Panos, Paloma y yo vamos al centro. Hemos quedado allí con los otros. En Ioannina llueve todos los días, esto nos consuela, pensábamos que la mala suerte nos perseguía. Vamos a la taberna de ayer y luego a un bar llamado Opera. Hablamos de mil cosas. Parece una competición de palabras por minuto. Psycho. Opera no ha triunfado mucho asique todos se van. Nos quedamos Panos, Paloma y yo, liándola por las calles de Ioannina y aparecemos en el mejor bar de Ioannina. Nos hacemos amigas del Dj, del perro y el gato que parece que también son parte de la fiesta y de un tal Yannis que toca el buzuki. Parece que va amanecer, nos vamos a la uni, hay que dormir.



DIA 3

Nos despertamos a las dos de la tarde. Necesitamos un café. Kilikio y bus al centro. La gente sale de clase, y nosotras nos sentimos dos parasitos en un bus.

Sigue lloviendo. Esta vez nos consuela por haber dormido hasta tarde. Ayman, el couchsurfing de estos nos hace un free tour por la lluvia y el centro. Castillo, ciudadela, día gris… vamos a un café necesitamos hacer asamblea y decidir qué hacemos con nuestra vidas. Se supone que habíamos venido a Grecia para empezar la travesía de cruzar el mediterráneo y el atlántico, y nos encontrábamos resacosas y mendigando casa en una ciudad en la que no paraba de llover y de la que no sabíamos cuando íbamos a salir, por miedo a volver a la cárcel de Corfú y a la realidad de las aduanas.

Finalmente decidimos quedarnos hasta el sábado: ir a Meteora por la mañana y por la noche a una Reggae Session en la que pincha Kako Synapantima, que nos encanta. Parece una gran idea.

Ayman nos llevó a su casa, un refugio en medio de una de las tormentas más brutales que hemos vivido. Parecía que el mar nos estaba cayendo encima, el cielo no paraba de parpadear por los relámpagos, el vino estaba muy muy dulce, el compañero de piso es un ucraniano vestido de Pescanova.

Cada vez la situación se parece más a Thessaloniki. El cuarto rosa. Los posters. El Ayman que por la mañana nos contaba que iba a casarse, había cambiado por completo y nos hablaba de unos polvos chinos mágicos y de porno en un taxi.

Nosotras nos vamos a coger un taxi porque Panos nos esperaba con las llaves. Llovía, como no, y se monta una escenita donde los taxis. Todos se ríen y no nos quieren llevar. Nos echan de uno y nos subimos a otro, que tampoco quiere llevarnos y que discute con los demás taxistas y, para colmo, nos acaba llevando muy enfadado y muy rápido. Qué miedo.

Llegamos a la habitación, por fin, y casi nos ahogamos con una pasta de dientes densísima y azulísima. Hablamos hasta las mil de la noche.



DÍA 4

Panos viene a despertarnos y vamos a desayunar en Lesxi. Alquilamos el coche y nos adentramos en carreteras de montaña cubiertas de lluvia y niebla. Estamos dentro de una nube gigante, pero tenemos esperanza.

Un cartel dice que estamos en Meteora, pero no podemos confirmarlo porque no se ve absolutamente nada.  Decidimos, a pesar de todo, subir una ruta por el monte. Trepamos la montaña bajo la lluvia, atravesamos una cascada, seguimos caminando y llegamos una ermita en una roca. Subimos a otra roca por unas escaleras de pintor en la que debe de haber muy buenas vistas. Tampoco podemos confirmarlo. Nos sentamos en ella abrazando nuestras rodillas y dejando que la lluvia caiga sobre nosotras ¿Por qué está saliendo todo torcido?

Encontramos un bar con fuego en el que nos tomamos las cervezas y los frappés más caros de nuestras vidas. Seguimos sin perder la esperanza y nos vamos a Kalabaka a comprar comida para subir a los monasterios.

Subimos pero no están. Hay que tirar de imaginación. Nos resignamos y acabamos comiendo dentro del coche mientras nos reímos de nuestra desgracia. Ante nosotros, nuestro futuro: denso y gris.
Volvemos a Ioannina y subimos al pueblo encaramado a la montaña desde donde vemos el lago y la ciudad. Muy bonito y mucho frio y viento.

Quedamos en el centro con un griego que conocimos en una de nuestras anteriores noches, pero resulta que no nos gusta la situación y nos escapamos usando el comodín de la llamada.

Volvemos a nuestra taberna y hablamos de cine. Nos vamos a otra y seguimos bebiendo mientras nos chuleamos de lo responsables y necesarias que hemos sido en este viaje cuando, de repente, descubrimos al pagar que nuestro bolso ha desaparecido. Nos lo hemos dejado en la taberna con llaves y todo.

Comenzamos las investigaciones y resulta que esa taberna pertenece a los mismos dueños que Opera, el sitio a donde teníamos que ir a ver a Kako Synapantima. Vamos volando para recuperar nuestro bolso perdido, con tan buena suerte que justo pillamos nuestra canción favorita. La bailamos y seguimos con la investigación. Nos topamos con el camarero y nos lleva junto a la camarera que nos devuelve el bolso. Nuestro plan de compartirlo tenía un agujero pero ahora ya lo sabemos para siempre.

Nos tajamos con motivo de haberlo encontrado y bailamos mucho. Nos movemos a Antiviosi, un squad donde también había una fiesta reggae. Nuestros amigos nos llevan a casa. Está amaneciendo.





DÍA 5

Despertamos a las 15h y poco a poco nos disponemos a recoger todo para volver a casa del “abuelo” (el Capitán Oleg).

María la gritona (una griega que cree que los españoles además de tontos somos sordos) se encarga de dejarnos en evidencia otra vez delante de todo Kilikio. Además hoy, paradójicamente, hace sol.
El Whatsapp de Ira y de Sergio se ha fusionado, así que si os aparece “Iratxe ha cambiado de número” no es cierto, mantened el anterior.

Conseguimos coger el bus hasta Igoumenitsa y allí el Ferry más largo del mundo lleno de mini humanos histéricos. Llegamos al bus de Guvia Marina y pronto reconocemos a uno de los loquitos de nuestro bar del pueblo, el One-Stop.


Cuando nos bajamos, todo parece igual. Nos recuerdan y saludan a nuestro paso por la única calle que tiene nuestro pueblo. El Abuelo se alegra de vernos y nos da de comer. Nos desmayamos en nuestros respectivos cuartos hasta el día siguiente.

Ongi Etorri Guvia Marinara, mañana nos espera un largo día de papeleo y desesperación.


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