DIARIO DE BITÁCORA I

Ay, después de un mes esperando parecía mentira lo que nos decían. Estábamos tomando café. jugando a las damas y con el perrito Harvey cuando nos llamaron. Volvimos al barco recorriendo, una vez más, la calle de Kontokali, nerviosos e inseguros. Atravesamos la puerta azul, el puerto y nuestro pantalán sin saber que era la última vez de estos rituales que se habían convertido en la base de nuestra monótona vida en Guvia Marina. Llegamos y, efectivamente, todo se había arreglado como por arte de magia y estaban preparando el barco para largarnos en los próximos 10 minutos. 
Eran las 6 de la tarde, ya de noche y el tío del puerto nos miraba alucinado. Cruzamos la pasarela para ayudar con los preparativos y tras nosotras la quitaron. Ya no había conexión con Guvia. Al fin y al cabo parecía que aquella casa estática iba a moverse.

Nos empezamos a alejar despacito, y el pueblo quedaba más y más lejos. Nos mirábamos los unos a los otros flipando. Había sido tan rápido, lo habíamos deseado tanto... Y al final, estaba pasando. Las estrellas, la oscuridad inmensa, Grecia a un lado y al otro Albania deslizándose lentamente junto a nosotros. El mareo nos enseñó su cara buena y de momento solo entramos en una especie de colocón bastante agradable. Cenamos juntos y todo fue vida normal acompañada de cierto vaivén, pero no demasiado, porque aún estábamos rodeados de tierra.

Al día siguiente al despertamos miramos por la ventanilla: estábamos en mar abierto, rodeados de olas azules y bastante grandes. Fue salir del camarote y el mundo se dio la vuelta. Todo se movía locamente, era como estar en una atracción de la feria, como haber comido setas, como el peor de los blancones. Iratxe huyó al refugio del camarote y yo me quedé en cubierta intentando lucharlo hasta que perdí y me vi agarrada a un poste y potando por la borda. Dando tumbos conseguí llegar al camarote y desaparecer allí hasta las 2 de la tarde. Descubrimos que la palabra Mareo viene de Mar.






Desde luego no fuimos las únicas, porque entre los que dormían y los que estaban anulados como nosotras, no tenemos muy claro por cuánto tiempo el barco fue en piloto automático y sin vigilancia ninguna por mitad del mar Jónico. Por suerte, no paso nada y a medida que avanzaba el día, con ayuda de la Biodramina y de unas lentejas pentagonales que preparó el sabio Oleg, fuimos venciendo al mareo. Además, cuando atardecía apareció una manada de delfines que nos rodearon y empezaron a jugar con el barco. Saltaban por todas partes e Iratxe y yo nos encaramamos a la proa a coger olas y ver a los delfines de cerca y a gritar como niñas pequeñas. Después de tanta emoción el mareo volvió a atacarnos y morimos otra vez. Sergio llevaba muerto desde que salimos a mar abierto y Asi fue el héroe que ni siquiera vomitó.

A partir de aquí los días se mezclan, pero creo que ese día el mar acabó poniéndose muy loco y tuvimos que parar a fondear en las aguas tranquilas de Crotone, Calabria, donde Sergio resucitó y cuidó el barco hasta que amanecimos.

Hacía sol y el mar estaba plato. Parecía mentira que la pesadilla de ayer fuera verdad y empezamos a comprender de donde venia la vieja frase 'después de la tormenta, viene la calma'. Desayunamos comida normal tranquilamente y disfrutamos del sol y de la paz. Hasta nos bañamos y así nos reconciliamos con el Mediterráneo cabrón que conocimos ayer. Después, proseguimos con el viaje.

El Mediterráneo volvió a calentarse y nos vimos otra vez en medio de un atardecer rodeados de olas gigantes azules y naranjas que nos calaban hasta los huesos. Oleg miraba preocupado el panorama y aprendimos que mas de 30 nudos de viento era un montón. Por suerte apareció a lo lejos el puerto de Le Castella esculpido en la roca y nos salvó la vida. Habíamos dedicado todo el día a dar la vuelta a un cabo luchando contra la fuerza del mar y del viento y estábamos reventados pero felices de tocar tierra. Corrimos al supermercado italiano, moviéndonos en un espacio abierto por primera vez en días. También nos dimos cuenta de que nos habíamos ido de Grecia, porque se nos escaparon un par de ευχαριστούμε, y eso como siempre nos puso tristes. Cenamos pizza y fuimos a tomar cerveza a Il Camello, único bar abierto en el pueblo abandonado de Le Castella, que tiene un castillo precioso y muchos turistas en verano pero casi ningún habitante en invierno.




Por la mañana el viento seguía igual de fuerte y nos tuvimos que quedar en el pueblo. Paseamos y corrimos bajo el sol, comimos pizza y tomamos capuccino. Compramos cervezas y por la noche nos encerramos en el camarote a beberlas y a escuchar música y a hacer el tonto.

La mitad de la tripulación se despertó a las 4 para zarpar y todo parecía normal hasta que el Mediterráneo volvió a escupirles en la cara. A las 8 les relevamos y poco a poco y pegaditos a la costa pudimos avanzar. Muy muy lentamente. La puerta de la sala se había roto y nos jodíamos de frio.




Al día siguiente o a los dos días o no se cuando, llegamos al estrecho de Mesina. Vimos el Etna nevado y las increíbles montañas de Sicilia, pueblos preciosos subidos a las rocas y todo esto con sol y nubes, entre la calma y la tormenta. De hecho, en medio nos pillo una tormenta que duro unos minutos. Tuvimos hasta un arcoiris.

Salimos del estrecho y el mar volvió a ser un infierno así que tuvimos que parar en el puerto de Milazzo, Sicilia: 99€ la noche sin luz ni agua. Debería de ser ilegal cobrar eso en una Marina en pleno invierno. Muy enfadados nos fuimos a buscar ensaladas y cervezas. Además nos llovio.

Al día siguiente a pleno sol fuimos a hacer una pequeña compra y en plena lluvia a comprar un gorro, una solución para la puerta y alguna tontería mas. A eso de las 4 de la tarde emprendimos el viaje otra vez y nos despedimos de la tierra hasta Cartagena. Vimos el Stromboli con un poco de humo saliendo de él.

Aquí si que se mezclan los días, pero por fin avanzamos con cierta velocidad y dejamos atrás Sicilia y la puta Italia que parecía que no se acababa nunca. Un día el polaco pescó un pedazo de bonito y lo probamos crudo y luego lo cocinamos. Ese mismo día volvió a haber delfines y luminiscencia en el agua por la noche.



Y en general hemos pasado el tiempo leyendo, viendo películas, pintando, pensando mucho, durmiendo, viendo atardeceres y estrellas, aprendiendo un poco sobre los buenos vientos y los malos y sobre como identificar un barco de noche dependiendo de su luz. También luchando contra el mareo y la gravedad los días que se ponía feo. Hemos hecho guardias nocturnas interminables y unos más que otros han tenido lo que llaman 'cabin fever', que es la ansiedad por estar encerrado en un espacio tan pequeño tanto tiempo. Hemos comido un atún - que es distinto del bonito -, deshecho un nudo imposible en una cosa (winch) que sirve para recoger la vela frontal (genoa) y el otro día el polaco se tuvo que subir al mástil con un vientazo que flipas a coger el aparato del radar que se había descolgado y pesaba un huevo. A poco se mata él y después Sergio que, transportándolo, se calló y partió la espalda.



Y esta es nuestra vida en alta mar en el Phoenix. Ya hemos recorrido 1000 millas por lo menos (que en kilómetros es como el doble pero quitándole un poco), dejado atrás a nuestra amada Grecia, cruzado el mar Jónico, la interminable Calabria (quién iba a decir que la planta de Italia era tan larga), el estrecho de Mesina y Sicilia y pasado de largo de Cerdeña y de las Baleares. Ahora estamos a unas 30 millas de Cartagena, es la 1:44 del 24 de diciembre. Al final, parece que conseguimos pasar en tierra la navidad. Estamos locos por llegar, por beber cerveza y comer jamón y tapas y pasarlo bien. Ahora estoy de guardia y estoy tan despierta como la noche de Los Reyes Magos.

Además, también hoy celebramos el aniversario del día que se nos ocurrió hacer este loco loco viaje, hace justo un año en un tren de Bucharest a Belgrado. Otra cosa no seremos, pero gente de palabra seguro.







Comentarios

  1. "Como haber comido setas"
    Feliz de leerte y que parezca que te tenga delante contándome aventuras entusiasmaita perdía.

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  2. Lo petáis! Sekulako inbidia emoten doztazue, Mediterraneo itxasoa gurutzatzea eta Itsasoaren munstro izaera ikusteko aukera duzuelako, baita bataillatzeko ere. Eutsi gogor, kontatu nire erratzarekin!

    Gastibeltza.

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