DIARIO DE BITÁCORA I
Ay, después de un mes esperando parecía mentira lo que nos decían. Estábamos tomando café. jugando a las damas y con el perrito Harvey cuando nos llamaron. Volvimos al barco recorriendo, una vez más, la calle de Kontokali, nerviosos e inseguros. Atravesamos la puerta azul, el puerto y nuestro pantalán sin saber que era la última vez de estos rituales que se habían convertido en la base de nuestra monótona vida en Guvia Marina. Llegamos y, efectivamente, todo se había arreglado como por arte de magia y estaban preparando el barco para largarnos en los próximos 10 minutos. Eran las 6 de la tarde, ya de noche y el tío del puerto nos miraba alucinado. Cruzamos la pasarela para ayudar con los preparativos y tras nosotras la quitaron. Ya no había conexión con Guvia. Al fin y al cabo parecía que aquella casa estática iba a moverse. Nos empezamos a alejar despacito, y el pueblo quedaba más y más lejos. Nos mirábamos los unos a los otros flipando. Había sido tan rápido, lo habíamos des...