Volver a thessaloniki
"No vuelvas al lugar donde fuiste feliz" me dijeron. Pero, como con todo, queríamos comprobar el significado real de esa frase y, si cabe, dejar espacio a la duda. Así qué sí, hemos vuelto. Hemos vuelto a esa burbuja donde además de vivir miles de momentos felices, fuimos muchas más cosas, cruzamos unos límites que casi no creía posibles, construímos esta base en la que caminamos desde entonces. Día a día, bus a bus, lesxi a lesxi, café a café, de oriente a occidente y vuelta, tratando de comprender lo que ocurría y por qué ocurría.
Volvimos para seguir aprendiendo y viviendo aquello que una vez descubrimos y nos encantó, pero también para romper con esa condición de "burbuja". Para así darnos cuenta de que no todo es maravilloso como lo vivimos la primera vez, de que eso que algún día entró tan tan dentro, hoy ha conseguido asentarse, convirtiendose en parte de nosotras, y eso, como todo y todas, también tiene su sol y su sombra.
Nos despedimos de Madrid con unos huevos rotos con morcilla y pimientos y un pollo asado y nos dirigimos al aeropuerto sin darnos cuenta todavía de a donde ibamos. El vuelo consistió en rompernos el coco con el artículo sobre los refugiados y las 4 horas pasaron volando (por dios, qué lejos esta Grecia).
Teníamos 2h en Atenas hasta nuestro vuelo a Thessaloniki. Nos compramos una crema de jazmín de nuestro amado KORRES y hablamos un poco de griego, emocionadas como niñas pequeñas.
Nos quedamos esperando apartadas de la puerta de embarque. En un momento me levanté para dar una vuelta por el aeropuerto cuando veo: última llamada Thessaloniki. Me pongo a correr por el aeropuerto llamando a Ira a gritos y conseguimos coger el vuelo por los pelos.
Solo queda una hora para aterrizar en Thessaloniki y los nervios van en aumento. Tantas amigos que ver, tantas calles que recorrer, olores y sabores que reconocer... Nos bajamos histéricas por coger nuestra mochila y salir del aeropuerto lo antes posible pero no, no... No salía.
Son las 12 de la noche, el aeropuerto desierto y nuestra mochilas perdidas. Rellenamos unos papeles y nos prometen que nos llamaran cuando la encuentren. Parece una putada pero en realidad nos hicieron un favor: fuimos libres esa noche sin ningun peso. Aunque oliesemos un poco mal, por suerte, temíamos la solucion: la crema jazmín de KORRES.
Los días en Thessaloniki transcurrieron como si nunca nos hubieramos marchado. Esto no habría sido lo mismo sin Georgianna que no nos dio solo una casa, sino un hogar. La ciudad seguia tan dinamica y euforica como siempre, golpeandonos en todos los sentidos, y otra vez nos abandonamos a ella. Fue bonito comprobar que siempre tendremos un huequito al que volver, para comer rico, beber retzina, escuchar rebetiko y practicar el griego que tanto nos ha obsesionado. Para esos momentos en los que queramos olvidarnos de todo y resetear. Nos fuimos con pena y emocionadas por lo que teníamos delante: conocer a Oleg, a la tripulación, primera noche en el barco... esto no ha hecho más que empezar!!!!!


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