Nicaragua, la tierra de los lagos y de los volcanes

ACLARACIÓN: ESTE POST HA SIDO ESCRITO DESDE DIVERSOS DISPOSITIVOS EN DISTINTOS PAÍSES, POR LO TANTO, NO HAY TILDES. No critiquen nuestra ortografía, por favor :)



Tras muchos contratiempos en cada parada, lo que más cabe destacar fueron las 4h de control en el aeropuerto de Florida. Por poco perdemos el avión pero finalmente llegamos en medio de la noche a Managua, que nos recibió, como era de esperar, con una noche veraniega de olor dulzón que nos dibujó una sonrisa en la cara antes de caer derrotados en el primero de los muchos hostels que nos esperaban.



Decidimos quedarnos otra noche allí para organizarnos un poco la vida, mandar Workaways y decidir cual sería nuestro próximo movimiento. En el hostel había monos, un gato, una tortuga y un loro. Managua es tráfico, es un mar de casitas bajas de colores con tejados de chapa, de calles sin aceras, sillas fuera y gente vendiendo yuca, plátano frito y otras cosas desconocidas por todas las esquinas. Managua no tiene centro, no tiene una plaza o un casco viejo, porque todo fue destruido por un terremoto en 1972. Pero tiene muchos parques pintados de azul rosa y verde y la antigua catedral que sí sobrevivió. Dicen que es peligrosa y les creo. Es una de esas ciudades que viven entre el caos y el polvo, de las que te endurecen porque la vida no importa demasiado.

"Desde el suelo, Managua es puro asfalto hirviendo, rotondas, tráfico caótico, autobuses antiguos de colores a los que hay que encaramarse en marcha, cláxones de carros impacientes que, a cada rato, sortean imprevistos previsibles: chavalos jugando en torno a una portería de fútbol, perros callejeros, borrachos desplomados, caballos desbocados. Cruzar la carretera es un deporte de riesgo, los escasos pasos de cebra no se respetan. Managua no es una ciudad para peatones, pero menos aún para peatonas".

10 Ingobernables, June Fernández
(Milesker Sara!!!)

Al día siguiente fuimos a Granada (esta vez en Nicaragua). Para ello, tuvimos que ir a una especie de Mercado que rodeaba la Universidad. Allí aprendes sobre la geografía de Nicaragua, ya que al salir del taxi te asaltan miles de hombres gritándote los distintos destinos a los que puedes dirigirte: GRANADA GRANADA GRANADA, JINOTEPE JINOTEPE JINOTEPE, RIVAS RIVAS RIVAS...". Gallinas por el suelo, puestos de café soluble, mujeres y niños vendiendo agua y refrescos, cestas en la cabeza con más plátano y más yuca...



Al llegar a Granada nos encontramos con una ciudad vieja y colorida que no había sido destrozada por ninguna catástrofe. También era de colores y tenía centro y un lago con olas en el que los niños se bañaban. Tenía bares llenos de turistas, una gran iglesia, calles con muchas tiendas. El mercado estaba alrededor de un edificio verde desconchado a punto de caerse donde podías volver a sentir el caos: otra vez la gente gritando, locos por todas partes, los gallos de pelea, los perros callejeros. Paseamos todo el día, comimos, bebimos cerveza y cubalibres y decidimos ir a Ometepe al día siguiente, una isla en el lago.

Por la mañana conocimos lo que llaman "Chicken bus". Son buses amarillos antiguos como los de colegio americano que van tatuados con alabanzas a Jesús y a Dios y en los que cabe absolutamente todo el mundo que el conductor se proponga. Todos los asientos estaban llenos y de pie en el pasillo íbamos unas 20 personas más. Las mochilas van arriba.

Tras una hora y media ahí subidos cantando para amenizar el ambiente, llegamos al mercado de Rivas, en el que el caos era mucho más caos. Conseguimos un taxi hasta el puerto y cogimos el Ferry a Ometepe. (*Por si a alguien le resulta interesante, todos estos transportes bailan entre 1€ y 3€. Comer no sube de 5€ y beber también 1€-3€). Allí la gente gritaba y ofrecía su casa pero nosotros ya habíamos encontrado un Hostel y allí nos dirigimos. Nos explicaron todas nuestras posibilidades en la isla - que eran muchas - y nos fuimos a ver la puesta de sol para dormir pronto y estar listos para la aventura de mañana.



Ometepe esta formada por dos volcanes activos. Está rodeada del lago y de los volcanes bajan ríos donde puedes hacer kayac y bañarte en las cascadas. Es un paraíso natural donde no hay civilización, simplemente casas repartidas por la única carretera asfaltada que hay y sus caminos. Alquilamos dos motos y nos fuimos hasta el segundo volcán en busca de una cascada. La subida resultó ser más dura de lo esperado y la carretera más mala de lo que imaginábamos. Por el camino se nos cruzaron cerdos, gallos, gallinas con sus pollitos, caballos corriendo y una manada de vacas gigantes con chepa como las que hay aquí. Naturaleza selvática, plantaciones de plátano e increíbles vistas. Las casas están hechas con todo tipo de materiales, son de colores y en ellas lo más importante es el jardín: había algunas a medio construir o sin pintar pero con jardines llenos de flores, árboles y hamacas. Estuvimos también en un lugar llamado "Ojo de Agua" que eran unas piscinas de agua termales en medio de la selva y allí nos tiramos de un trampolín y comimos nachos. Vimos el sol irse frente al volcán, que se puso rojo rojo. Cuando cae la noche (muy pronto, por cierto) la gente sale a la calle y se reúne a los lados de la carretera, en los parques, en los porches. Los niños salen con la bici y hay mucho movimiento. Parecía cualquier noche de verano en nuestro pueblo, solo que aquí la oscuridad empieza a las 17:30 y eso es algo a lo que aún no nos hemos acostumbrado.



Después fuimos a San Juan del Sur, una especie de Salou en Nicaragua. Buscábamos un sitio con calma, cerca del mar y a un precio asequible donde parar por un tiempo, pero parecía difícil encontrar algo así en un lugar donde el turismo se basaba en canadienses y gringos (como dicen los nicas). En este punto del viaje apareció Casas Surfistas Nica, El Remanso y Slaudy Bar Surf Brothers. 

Decidimos escapar de "Salou" para ir a surfear a la playa más cercana. Conocimos a una chica que era francesa - pero el de las tablas no paraba de llamarla china chinita - y fuimos a El Remanso. Era grande y rodeada de bosque, había un par de chiringuitos y alguna casa subida a la colina pero nada más. Nos gustó y decidimos ir a preguntar a Casa Surfistas Nica por el precio. Calvin James - alias Jaime o Papá Oso - regentaba el lugar: un estadounidense de unos 60 años, entrañable y con bigote, que aún hoy sigue surfeando. La casa consta de una habitación con muchas literas, una cocina y ventanas sin cristal con vistas a la playa. Él mismo vive allí y sube y baja el empinado camino de piedras para llegar a la casa todos los días. El sol se escondía en el mar, en el bar ponían Reggae, había bombillitas de colores y encendieron una fogata. Nos quedamos enamorados del lugar y prometimos volver al día siguiente.





Al final nos quedamos allí 2 noches más de lo previsto, por el surf, por el ambiente, por el fuego y las estrellas. Encontramos un tiempo de paz antes de separarnos por unos días: Ira y Asi a Playa Gigante y Sergio y yo a León. Además, allí decidimos nuestro siguiente destino. El plan era bajar hasta Colombia por tierra, pero de pronto descubrimos que había una selva infranqueable entre Panamá y Colombia así que de todas formas estábamos obligadas a coger un avión. Un avión bastante bastante caro. Sopesamos las posibilidades y volvimos la vista atrás a nuestros objetivos del comienzo del viaje. Chile ocupaba un lugar importante en nuestro 'sueño latinoamericano' y al final nos decantamos por volar a Perú y acercarnos así a nuestra 'tierra prometida'. Asimilamos el cambio de planes y compramos el vuelo. Proximo destino: 6 de Febrero rumbo a El Peru.



Ira y Asi en Playa Gigante

Llego el dia de separar el cuarteto y sumergirnos en la Nicaragua profunda, lejos de ciudades, o no. Llegamos a San Juan del Sur con la intención del llegar al Ostional, la tierra prometida, la fusión de la selva y el mar, alla donde la mayoría son locales, donde no pasamos desapercibidos por el tono de nuestra piel y las eses de nuestro habla. Un lugar mágico que las Tortugas Lora han adoptado para desovar. Llegamos y nos sumergimos en un mar de manglares con raíces voladoras. Esto es la jungla, y estas raíces son monstruos inmensos. La tierra no deja de sorprendernos. Tras perdernos entre caminos improvisados por los locales y animales encontramos un sitio donde comer. Ahora si, esto es Nicaragua. Estamos ante un Pargo Rojo recién pescado, del mar al plato, y de aquí a los tobillos. Hay que recargar la energía. 

Es de noche, el sol se acaba de meter y se respira un ambiente extraño en el Ostional, no se que pasa pero estamos inquietxs. Creo que es la devastación y destrucción que provoco el Tsunami hace unos meses, todavía se respiran las miradas y se ve el dolor. El querer compartir como nos sentimos nos lleva a una larga reflexión de análisis al pueblo Nica y este territorio. Bien, ya entendemos mejor que es lo que esta pasando, nos tranquilizamos y como nunca antes el sueño penetra en las células, y en los parpados también.



Decidimos ir más al norte, así que nos subimos en el primer chicken bus de la mañana y fuimos hacia el gigante, pero antes pasamos por la caótica Rivas para comprar las sorpresas y regalos de los próximos días (zorionak Paloma eta Sergio). Por fin llegamos al gigante. Vale, ya está. Esto sí. Era virgen, verde, selvático, se respiraba tranquilidad y buen rollito. El Gigante nos dio la sensación de HOGAR que abandonamos el mismo día que nos bajamos del barco.

Fueron tres días (creo) no separados en espacio de tiempo. No hubo horas. Hubo quietud, jugo, ron, pargo rojo, documental del Frente Sandinista de Liberación Nacional, actualizar el mail, leer (10 ingobernables, en el que aparecen dos historias de Nicaragua, una del Salvador, una de Bilbo... Todas de transgresión y rebeldía). Escribir para mirar atrás y materializar momentos, personas y sensaciones. Slack, surf (con agobios de olas grandes), conversaciones largas, ceviche, familia Nica (Carolina, eres fuerza viva), 'pool Nica', el paseo eterno por Amarillo, Iguana... Hasta el infinito. Nuestro abuelo de allá que nos dio de comer 2 días mientras nos contaba la historia del primer gringo que llegó al pueblo y como había cambiado El Gigante en los últimos 15 años, la pena de irse, cómo no! Es parte de cada lugar que nos mueve un poco dentro.



Llegó el día de irse, era el cumple de Sergio y el plan era darle una sorpresa. Asi que con buses y autostop llegamos al medio de la nada: Guasacate. Le dimos la sorpresa y fue increíble, no se lo esperaba para nada. Estabamos contentos de estar otra vez juntxs. Compartimos las diferentes Nicaraguas que acabábamos de descubrir. Brutal. Ducha y post-ducha eterna y cena en el Ola Verde (el hostel). Ron, ron, ron y Moisés nos perdió entre aquellos caminos de la nada y aparecimos en Magnific Rocks. Bailamos como nunca, el cuerpo lo necesitaba ya porque (no se por qué razón) no hemos encontrado mucho baile por aquí...

Nos bañamos en el mar al llegar a casa, las olas parecían más grandes que nunca. Nos fuimos a dormir y el día siguiente voló.


Sergio y Paloma en León

En nuestro caso, nos cruzamos el país entero pasando por Rivas, Jinotepe y Managua hasta llegar a León. Paramos en todos los mercados y nos agobiamos con el calor y las nubes de caos que los envuelven. León es la ciudad de los estudiantes. Es bonita como Granada, pero más auténtica. Allí conocimos a los revolucionarios que habían luchado durante el siglo XX contra el gobierno de Somoza. Recorrimos los pasillos de un cuartel de la Guardia Nacional donde los veteranos habían montado el Museo de la Revolución y escuchamos su historia. Ahora la tenemos dentro, a Sandino, a Fonseca a los estudiantes valientes y a las mujeres guerreras. Al pueblo que luchó por poder decidir sobre su futuro. Nos enamoramos de Nicaragua, con sus lagos y su cordillera volcánica que va hasta la Tierra del Fuego.



Asi, Ira y yo habíamos planeado dar una sorpresa a Sergio por su cumpleaños, asi que mi misión era llevarle a Popoyo para el 27 de Enero y allí los demás aparecerían de sorpresa. Estábamos al norte y Popoyo estaba bastante al sur así que tuvimos que volver a hacer el camino León-Managua-Jinotepe-Rivas-Popoyo. Nos cruzamos el país un día de calor horrible saltando de bus en bus y viendo el sol deslizarse por encima de los volcanes, las llanuras y las carreteras pedregosas. Llegamos rozando la noche y en el hostel nos recibieron los gringos ya borrachos y con la música a toda candonga. Había Pool Party, Sergio se puso enfermo y yo me escondí en la habitación para escapar de los gringos cantando Avril Lavigne y Sum 41. 

A la mañana siguiente (cumple de Sergio) nos movimos al nuevo hostel donde encontramos la paz que no tuvimos la noche anterior. Sergio seguía malito y se pasó el día agonizando entre paredes blancas, hamacas y vistas al mar: era un buen lugar para dejarte morir. Cuando el sol se metía aparecieron Ira y Asi. Al fin, estabamos otra vez juntos y locos por contarnos las nuevas historias. Estábamos tan contentos que hasta Sergio bebió ron y nos fuimos de fiesta al Magnific Rocks los 4 en una especie de Tuc Tuc por los caminos de piedras de Popoyo.

La resaca del día siguiente es digna de no ser recordada. El caso es que sobrevivimos, estuvimos en unas 'piscinas naturales' de agua de mar y disfrutamos de nuestra compañía. Al día siguiente Asi se iba y estábamos muy tristes.




Nos despertamos, recogimos y nos arrastramos por el desierto de Popoyo con todas nuestras cosas, esperando que algún alma caritativa nos cogiera sin cobrarnos (porque aqui son mucho de eso). Al final entre un camión de la fruta que hacía una especie de rap con la papaya, el aguacate y el melón, la camioneta de un guiri y un taxista, llegamos a Rivas. Allá comimos y nos separamos. Abrazos estrechos y fuertes llenos de amor, intentos de no llorar y lágrimas - todo esto en el caos del mercado de Rivas con los buses esperandonos para salir - un agujero en el pecho mientras nos ibamos hacia San Juan del Sur, sin un miembro del equipo, sin nuestro hermanito Asier que hacía de la vida un día bañado de sol. 

Llegamos a nuestro pueblo otra vez y nos alojamos en el primer hostel que vimos, el del Deivid. Era 29 y el 31 había una gran luna. Decidimos ir al Remanso (nuestro refugio) para intentar organizar una fiesta de luna llena. Allí nos plantamos de nuevo: Robertito 4:20 nos saludó con su mítico 'Ostia tías! Qué hasen acá!?'. Intentamos hacer surf sin éxito, tomamos jugos, nos reencontramos con Papá Oso y le sacamos las camas por 8 pavos para el día siguiente. Finalmente nos acercamos a los camareros del chiringuito (que no se habían dignado a hablarnos en toda nuestra estancia allí) para proponerles la fiesta y aceptaron encantados. 




Al día siguiente compramos la botella de ron mas grande que encontramos en San Juan y aparecimos en El Remanso a reinstalarnos en casa de Papá Oso. El sol calló una vez más y la noche empezó con una hoguera. La luna salió por fin, deslumbrante y gigante. El ron estaba en todas partes, olía a leña y flores, la música flotaba y el ambiente era cada vez más confuso y eléctrico. Entre bailes y conversaciones, vimos el amanecer y nos fuimos a la cama. 



Había llegado la hora de ir a Costa Rica, pero conseguimos rebañar otro dia en El Remanso a modo de despedida. Afianzamos la relacion con nuestros amigos nicas, nos enseñaron miradores secretos desde donde volvimos a ver la luna salir y contamos historias. Nos reímos mucho, pero mucho mucho, y pasamos una última noche junto al fuego, ya como parte de la familia, contemplando nuestra posible vida en ese remanso de paz que nos había robado el corazón.



Llegamos a la frontera de Costa Rica bastante temprano, asi que conseguimos alcanzar Tamarindo ese mismo día: fracaso estrepitoso. Nos dolió cruzar la frontera. No queríamos irnos, no así, no a Costa Rica. Queríamos estar en Nicaragua más tiempo ahora que habíamos pasado esa fina línea que marca que ya ESTÁS AQUÍ. Por lo menos allí encontramos el dulce de coco del Papá Oso. Nicaragua sabía que no queríamos irnos y nos lo regaló.



Por la noche llegamos a Tamagringo, un lugar donde encontrar a alguien local es casi imposible. Primera conversación en busca de comida costa ricense:

- Hola! Donde podemos comer comida de aquí?
- Aquí o allá (Subway a un lado, Sushi al otro)

Tamagringo era una especie de Marbella, pero con mucho mas calor y muchisimo mas caro.  Recaro. Aún no sabemos como pueden sobrevivir allí los costaricenses. Al final pasamos los días comiendo en sitios cutres y escribiendo y descansando en el hostel mientras buscábamos proyectos en Peru. Tierra. Fuimos a un live de Flamenco Transgredivo y viajamos (bientripiar). 






Llegó el 5 de febrero y tuvimos que hacer una vez más la mochila, cargarnosla a la espalda y salir en busca de un autobus que nos llevaría directas a San José. Nos despedimos de Sergio sin creernoslo demasiado. Tantos meses juntos, tanta vida... Parecía imposible que nos estuviéramos separando. Nos montamos al autobús y celebramos mi cumpleaños durmiendo y escuchando música. Por fin llegamos a San José y un amable costa ricense nos ayudó a encontrar el hostel, que resultó ser increíble y nos dieron ganas de quedarnos más tiempo. La ciudad parecía esconder algo genial pero no tuvimos tiempo para descubrirlo. Cenamos algo sencillo, compramos una botella de vino e Ira me regaló a Begitxo!!! El tercer ojo del equipo, una camarita de video de las viejas que compró, tras mucho buscar, en Nicargua. Quizás no tiene la mejor calidad, pero está siempre con nosotras y ha presenciado momentos tan especiales...






Despedimos el día durmiendo como reinas y al día siguiente, nerviosas, nos encaminamos a salir de Centro América para sumergirnos, por fin, en Sudamérica. Cabe destacar que nos la clavaron en la salida de Costa Rica (30 pavos!!!) pero, a modo de venganza, nos comimos todas las muestras de chocolate del aeropuerto.

Por fin estábamos en nuestro viaje - 'solas', como nos suelen decir, pero juntas - más juntas que nunca, subiéndonos nerviosas a nuestro sexto avión desde noviembre. Hola Perú, vamos a exprimirte!!!!!


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